viernes, 28 de octubre de 2011

EL CRUCERO



Se cubre con el silencio la noche.
Allá en la lejanía se vislumbra el horizonte.
Hay que empezar a andar. El camino es muy largo, pero siempre tiene un final.
Y se vuelve la mirada atrás. ¡Hay tanta armonía, tanta paz, tantos pasos que se dieron !
Queda el camino cerrado a la tristeza y el dolor.
Pasajes que se contemplaron; lágrimas que se vertió; sonrisas que del amor brotaron; dudas e incomprensión.
A los lados cuelgan hebras de esperanzas afianzadas,de remansos de recuerdos, de castillos de cristal.
Atrás queda el camino que no se debe volver a andar.
Y en el presente mi mente, vuela, sueña, calla y piensa y se deja transportar, en una burbuja de aire, que la envuelve con esa paz.
Miro atrás y a través de la burbuja puedo mis pasos ver. 
Van cubriendo el polvo quieto… quieto quedo al marchar. 
Polvo que si hablara mil historias contaría. Mil historias de una vida que se volvió a ilusionar.
¡Y hay paz !
Miran los ojos tranquilos… miran el tiempo transcurrido...
¡Tanto y tanto se sintió!  ¡Se amo, odio, lloró! ¡Tanto y tanto se vivió!
Se navega en los recuerdos... Las olas vienen y van.
 El crucero fue de lujo.  Las noches ponían final, a horas de sentimientos, a días de practicar el difícil e incierto viaje hacia el más allá.
Veladas en que las palabras iban sembrando un corazón. Corazón que fue creciendo y en su crecimiento dio, alas a sus pensamientos, sueños a su palpitar, paz a sus momentos, tranquilidad a su andar.


Annia Mancheño